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30 de mayo de 2020, 17:27:00
Actualidad

Entrevista con el director de Operaciones de Vitalia Home


Antonio Morales: “Una situación excepcional requiere respuestas excepcionales”



Las residencias de mayores se enfrentan a uno de los momentos más difíciles de su existencia con la crisis del coronavirus, incluso con la puesta en entredicho de su profesionalidad y buen hacer. Vitalia Home no ha sido ajena a este drama, con algunas de sus residencias especialmente afectadas. Pero también ha afrontado con decisión esta crisis, con medios humanos, materiales y organizativos acordes a la situación de excepcionalidad que se está viviendo. En un alarde de absoluta transparencia, el director de Operaciones de la compañía explica lo que ha pasado y lo que necesitan estos centros para que nunca más vuelva a suceder nada parecido.

¿Cuál es la situación real de los centros Vitalia Home en cuanto al impacto del COVID-19?

Como todo el mundo sabe, el impacto del COVID-19 en las personas mayores ha sido especialmente intenso y de consecuencias dramáticas. Hay cifras que los medios destacan a diario, especialmente en los centros donde su incidencia ha sido mayor. Las noticias sobre fallecimientos eclipsan cualquier otra dimensión, pero conviene precisar que en más de la mitad de los centros del Grupo no se ha registrado ningún caso positivo entre los residentes, y el 87,2 % de nuestros residentes están libres de contagio. Es un dato que creo que hay que considerar por encima de cualquier otro.

Además, en 6 de cada 10 centros no ha fallecido ningún residente “por” o “con” COVID-19. Quiero precisar que nosotros no maquillamos ningún dato y que en estas cifras contabilizamos incluso aquellos fallecimientos en los que no tenemos constancia certificada de que exista COVID-19, pero sí sintomatología compatible con el virus.

A pesar de ello, en algunos de sus centros el impacto del COVID-19 ha sido especialmente intenso, como en Vitalia Leganés…

El primer caso confirmado en ese centro llegó el 15 de marzo. Era un residente derivado al hospital Severo Ochoa, desde donde nos dijeron que había dado positivo por coronavirus. A partir de ese momento el número de contagios subió exponencialmente entre el 18 de marzo y el 2 o 3 de abril, y también los fallecidos. Ello coincidió con la saturación de los servicios sanitarios y, de manera especial, de los hospitales en esa zona, por lo que no fue posible ingresar a ningún residente independientemente de su estado o patología, porque también había residentes con otras enfermedades.

¿Cómo se actúa cuando en un centro se registran casos positivos en una situación como la que describe?

Cuando detectamos que en algunos centros comenzaban a registrarse casos positivos de COVID-19, y antes incluso de recibir indicaciones por parte de las Autoridades sanitarias o sociales de las Comunidades Autónomas, comenzamos a adoptar medidas preventivas de carácter excepcional, incluso la de cerrar el centro al exterior y pedir a los familiares que no vinieran.

También desde el primer momento comenzamos a fumigar el centro por dentro y por fuera, con limpieza extraordinaria de habitaciones e incluso la compra de máquinas de ozono. Tomamos todas las medidas y observamos a los residentes buscando su sintomatología: quiénes tienen fiebre, la saturación de oxígeno…

Además, comunicamos estos hechos a los responsables sanitarios -centros de salud y hospitales-, pero en algunas zonas la saturación de estos servicios ha hecho imposible que nos atendieran como en otros momentos. Hemos estado informando con todo detalle, enviando incluso las constantes de cada residente a diario o el número de fallecimientos que tenemos.

Y hemos pedido ayuda y material, porque era imposible encontrarlo en el mercado. Incluso pedíamos ayuda humana, porque recuerdo un día en el que se dieron de baja 24 trabajadores, lo que hacía imposible sustituirlos en medio de una crisis sanitaria como esta. Peleábamos contra viento y marea.

¿Qué medidas de reorganización se han puesto en marcha en los propios centros?

Nosotros elaboramos un protocolo de actuación por si se diera el caso de tener algún positivo en algún centro; lo llamamos ‘Protocolo de Actuación en Zona Caliente’. Se lo enviamos y explicamos a todos los directores del Grupo a partir del 13 de marzo. Indicábamos a los centros que, ante una situación de contagio, había que hacer espacios y sectorizar el centro en tres módulos distintos: no afectados, sospechosos y positivos confirmados. Todo ello antes incluso de la aprobación de la Orden SND/322 de 19 de diciembre del Ministerio de Sanidad. Una Orden que establecía, 3 días después de que en nuestros centros ya estuviéramos aplicando, la obligación de esta sectorización.

¿Se han contagiado trabajadores?

El desconocimiento ante esta pandemia ha hecho muchísimo daño. Estamos realizando pruebas PCR al 100% de nuestros trabajadores, a cargo de laboratorios de reconocido prestigio, a iniciativa y contratados por el Grupo. Gracias a esas pruebas sabemos ahora que tenemos muchos trabajadores positivos asintomáticos.

Nos está sorprendiendo porque hay trabajadores en perfecto estado de salud que son positivos y no lo saben. Si se hubiera podido realizar antes estas pruebas, posiblemente se hubieran podido evitar numerosos contagios pero, como digo, hemos tenido que buscar y financiar nosotros mismos la forma de realizarlas, teniendo en cuenta las grandes dificultades que existe para ello en la situación actual, incluso para los propios servicios sanitarios.

La situación que ha creado en algunos centros las bajas de estos trabajadores, incluso los asintomáticos, ya que para evitar contagios tienen que permanecer en sus casas varias semanas, ha llegado a ser crítica; ha habido centros con casi la mitad de la plantilla afectada. A pesar de ello, hemos conseguido sustituir las bajas, con no pocas dificultades para ello, pero contando con la colaboración de empresas de contratación y de algunas Administraciones, como Comunidades Autónomas que han habilitado bolsas de empleo específicas o Ayuntamientos que han publicado bandos para buscar personal.

Algunos familiares se quejan de falta de información…

Es inevitable que cuando se presentó una situación tan grave como la que estamos viviendo, algunos centros se vieran desbordados por la necesidad de llevar a cabo una gran reorganización, como la puesta en marcha de medidas de sectorización y confinamiento. Ello, unido a numerosas bajas entre el personal y a una gran demanda de información por parte de los familiares que, al no poder visitar a sus seres queridos, reclamaban esta información de manera continua. Por eso en los momentos iniciales pudo ocurrir en algunos centros especialmente afectados, que fuera imposible responder a estas demandas de información con la inmediatez requerida. Es comprensible la preocupación de los familiares, pero también deben comprender cómo era la situación en los centros.

Sabemos muy bien la importancia de que se mantenga e intensifique la comunicación de los residentes con sus familiares en estos momentos. Y nos estamos volcando en ello. Así, hemos establecido en todos los centros la figura del coordinador o responsable de esta comunicación, que suele ser el trabajador social o psicólogo en la mayor parte de los centros, o incluso el propio director. Hemos elaborado en cada centro una planificación de manera que esta comunicación sea diaria. Hemos enviado tablets y móviles para facilitar estos contactos a través de llamadas y videoconferencias. Incluso hemos incorporado personal específico en los centros, trabajadores sociales y psicólogos, con la única función de realizar esta comunicación.

Una parte del sector apunta que las residencias de mayores deberían estar un poco más preparadas desde el punto de vista médico para, al menos por ahora, poder tratar mejor a los usuarios enfermos. ¿Qué opina de esta propuesta?

Yo he sido siempre un firme defensor de que las residencias tienen que ser espacios de hogar. Yo nunca he sido partidario de sanitarizar los centros porque, al final, los indicadores sanitarios van a primar sobre los hábitos de los mayores, y a las personas nos gusta poder vivir como en casa, con nuestras manías y costumbres, en equilibrio con lo sanitario. Pero, dada la situación actual, es indispensable, como mínimo, que la plantilla se vuelque en lo sanitario y también, en algunos casos, reforzar las plantillas ordinarias de los centros con personal sanitario. Por citar el centro al que antes hacías referencia, Vitalia Leganés, hemos incorporado cinco médicos a la plantilla y hemos contratado una dirección médica con la Clínica Quirón. Pero es por motivo de esta situación excepcional, que requiere igualmente respuestas de excepcionales.

Ahora, nuestros centros han cambiado por completo y hay controles constantes de los indicadores sanitarios de los residentes. Nosotros, en Madrid, ya tenemos en los tres turnos un médico permanentemente, porque este virus hace que los mayores estén bien durante varios días y, después, se ponen muy malos en muy poco tiempo. No sé si de cara al futuro va a haber que plantearse el sector de las residencias tal y como lo conocemos; de momento la urgencia nos lleva a gestionar con medidas excepcionales la situación excepcional que estamos viviendo. Y no podemos saber si esta situación será para unos meses o para unos años.

Sería una pena que perdiéramos el gran impulso que habíamos cogido con la Atención Centrada en la Persona, que ha convertido a las residencias en lo que los residentes quieren que sea. Las residencias tendrán que seguir siendo centros para vivir y convivir, centros sociales, no sanitarios. Todos nuestros esfuerzos tienen que seguir orientados a favorecer la vida y la convivencia en ellos, para hacer posible el desarrollo de su proyecto de vida. Y un entorno hospitalario o sanitarizado no es el mejor escenario para ello

La nueva normalidad exigirá cambiar comportamientos y establecer medidas de distancia social durante algún tiempo.

Nosotros tendremos que buscar una nueva normalidad. La normalidad que conocíamos antes de la pandemia no sé si la vamos a poder volver a encontrar. Nadie puede saberlo ahora mismo. Lo que parece más previsible es que habrá que tomar precauciones, pero no sabemos cómo será el comportamiento del virus. Llegará un momento en el que la normalidad del futuro será diferente de la del pasado, pero para nosotros ya será la normalidad, porque lo importante es la capacidad del centro para adaptarse a las personas que viven en él. Por eso, que tengamos la capacidad de flexibilizar el servicio para que las personas no pierdan su forma de vida, incluye el refuerzo sanitario.

¿Cómo está afectando el confinamiento al día a día de los mayores y a su calidad de vida?

Estamos muy preocupados con la depresión a la que puede someter el confinamiento a nuestros residentes. Las personas mayores, como nosotros, necesitan el contacto con sus seres queridos o sus cuidadores, y están confinados en sus habitaciones sin poder salir. Creemos que está perjudicando a su estado anímico, que es importantísimo para los mayores porque algunos se pueden dejar llevar. Es preocupante, pero estamos fomentando el contacto de los auxiliares en las habitaciones y, como hemos dicho, las videollamadas, que al menos una vez al día puedan hablar con sus familias.

Estamos pidiendo a los familiares que les hagan sentir que fuera les están esperando y que nos volveremos a encontrar. Estoy pendiente de hacer gestiones con algunas Comunidades Autónomas para intentar que se autorice a algunos familiares a entrar en los centros con un EPI y puedan ver a sus mayores.

¿Hacéis autocrítica o pensáis que habéis actuado bien en esta crisis?

Podemos hacer autocrítica también. Si me paro a analizar en qué hemos podido fallar, si digo que no hemos fallado en nada, estaría mintiendo. Porque aquí nadie ha sido capaz de actuar ante la pandemia con un 100 % de efectividad. Nos ha sometido a todos a un nivel de estrés y presión tan alto, que en algo nos hemos podido equivocar. Pienso a veces que ha habido días que la situación ha sido tan estresante, que nos hemos olvidado de lo que pasaba fuera por centrarnos únicamente en lo que pasaba dentro, y creo que tendríamos que haber facilitado que los familiares pudieran haber tenido más información durante las horas de crisis más angustiosas.

Tenemos que pedir disculpas en ese sentido, pero también explicar que el nivel de presión y exigencia era tan alto, que había que centrarse solo en los residentes. Pero también hay que decir que hemos sido capaces de reaccionar con rapidez, ahora que los días parecen semanas y las semanas parecen meses, para reponer plantillas mermadas por el virus, para adaptar nuestros protocolos a la situación tan excepcional que vivimos, para complementar por nuestros propios medios las medidas sanitarias que el Sistema de Salud no nos ha podido proporcionar, y para disponer medios para la comunicación con los familiares que hace apenas mes y medio no eran necesarios porque podían visitarlos habitualmente.

A todo ello nos hemos tenido que adaptar, y lo hemos hecho en tiempo récord con el esfuerzo del Grupo y, por supuesto, gracias al entusiasmo y buen hacer de todas las trabajadoras y los trabajadores de nuestros centros, de los que nos sentimos especialmente orgullosos.

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