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30 de mayo de 2020, 16:44:45
Actualidad

Entrevista con el presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia (FED)


Ignacio Fernández-Cid: “Las residencias públicas y privadas hemos tenido los mismos problemas”



Los gestores residenciales privados se han visto en el ojo del huracán de una crisis sanitaria sin precedentes de la que se les ha culpado, a pesar de que han hecho incluso más de lo que les correspondía. El presidente de la FED, una de las patronales que más ha batallado por reclamar a las Autoridades la ayuda que necesitaban, explica cómo se han sentido los profesionales que, desde la primera línea de fuego, se han expuesto al virus por tratar de salvar las vidas de las personas mayores o en situación de dependencia.

¿Cómo definiría la situación que se ha vivido en las residencias de mayores durante el pico de la epidemia de coronavirus?

Como un abandono por parte del sistema de salud. Las Autoridades Sanitarias cambiaron los criterios de derivación hospitalaria y pusieron medidas muy restrictivas, por lo que no se pudieron producir ingresos hospitalarios. Tuvimos que intentar tratarlos en las residencias.

¿Por qué no se aceptaba a los mayores si decían que, en caso de triaje, la edad no iba a ser un criterio a tener en cuenta?

Esa es la pregunta que nos hacemos, porque las personas mayores que estaban en sus domicilios sí tenían la posibilidad de ingresar en esos hospitales. Ha sido decir ‘no’ a los que venían de residencias. Pusieron el listón tan alto, que el 75 % de nuestros residentes no tenía derecho a ir a un hospital.

¿Qué criterios exigían para que pudiera llegar un residente a un hospital?

En algunas Comunidades Autónomas se han puesto por escrito y en otras no, pero la práctica habitual ha sido la misma. Personas que tenían procesos de deterioro cognitivo avanzado, no podían entrar. Personas con enfermedades muy importantes, tampoco. Personas con limitaciones en las actividades básicas de la vida diaria por debajo de un 60 %, tampoco. ¿Qué perfil tenemos en nuestros centros? Personas asistidas, dependientes, que necesitan ayuda para muchas cosas muy básicas.

Las empresas del sector han sido apuntadas desde la política y desde los medios de comunicación, a pesar de que los profesionales se han expuesto, incluso sin estar debidamente equipados, para proteger y cuidar a los mayores y dependientes. ¿Qué mensaje daría a esas plantillas tan castigadas?

Yo soy uno de ellos, los empresarios también trabajamos en primera línea. Nos hemos sentido tremendamente dolidos, ha sido un tratamiento muy injusto. Ha habido determinadas situaciones en sitios muy puntuales, que ya veremos si son reales o no. Eso no puede llevar a verter una sombra. Damos servicio cada día a más de 1,8 millones de personas. Se habrán producido malas prácticas en algunos centros, pero ¿eso significa que todos somos iguales? Es una irresponsabilidad, y es lo que he dicho en medios.

Cuando un profesional de lo social ve cómo nos están criminalizando y que es nuestra culpa el número de fallecimientos, se le cae el alma a los pies porque la relación que tenemos con esas personas no es la que puede tener un profesional en el mundo sanitario, donde llevan días con ellos. Nosotros llevamos años con los pacientes y tenemos una relación muy humana, cercana, real y entrañable. Es un doble dolor el que sentimos por las pérdidas de esas personas.

Creo que deberían dar algún premio especial como reconocimiento a lo que han y hemos hecho. Y quiero dar un reconocimiento a las familias, para las que esto ha sido durísimo porque no ven a los mayores y dependen de la información que les damos. Es muy de agradecer que mantengan esa confianza y nos sigan apoyando como lo están haciendo. Solo puedo reconocer su grandeza de espíritu y pedirles perdón porque en aquellas semanas de gran pandemia, seguro que no dimos toda la información que deberíamos, lo que genera más sufrimiento. Pero estábamos con las plantillas muy diezmadas y atendiendo a lo urgente: los mayores.

Y también quiero dar las gracias a la sociedad en general, que montó talleres caseros para fabricar materiales de protección para nosotros sin que lo hubiéramos pedido. Y empresas, que nos han donado de todo, desde tablets hasta sándwiches de Rodilla. Te devuelve la esperanza en el ser humano.

¿Cree que parte de la razón de haber apuntado de esa manera a las empresas del sector residencia puede deberse a un intento de poner lo público por encima de lo privado?

Por supuesto, y por eso nos están intentando confrontar, lo cual es absurdo porque somos compañeros desde distintas trincheras y hemos tenido, públicas y privadas, los mismos problemas, con resultados similares. ¿O es que las públicas no han sufrido el efecto devastador de este virus criminal? Lamentablemente, igual que nosotros. Y también han sufrido las carencias y negativas de un sistema de salud que ha mirado a otro lado y se ha olvidado de nuestros mayores.

En algunas residencias intervenidas, el funcionario que las Autoridades pusieron al frente solo pudo certificar que la empresa lo había estado haciendo bien.

Ya, pero la imagen que se ha lanzado al exterior es que nos han intervenido porque no éramos capaces de sacarlos adelantes y venía ‘mamá Administración’ a resolvernos la papeleta. Este problema excedía nuestra capacidad. Nosotros cuidamos y ellos curan. Pero para seguir cuidando necesitamos determinadas actuaciones por parte del sistema sanitario en cuanto a análisis o pruebas de diagnóstico. En el momento en el que se interrumpe este proceso, es cuando llega el caos y el lamentable resultado.

Desde la FED se ha criticado el protocolo del Gobierno para realizar test de detección del coronavirus en residencias de mayores. ¿Por qué?

El protocolo establece diferencias para hospitales, centros penitenciarios y residencias de mayores. En unos dice que hay que hacer un test a un paciente o recluso; si sale un positivo, se hace a otro paciente o recluso. Luego se confirma con una PCR. En residencias de mayores dice que hay que pasar los test serológicos; si hay un positivo, se cierra y se considera que hay contagio masivo en el centro, con todos los residentes aislados en sus habitaciones. ¿Por qué los mayores no tienen los mismos derechos que un paciente en un hospital o que un recluso en una cárcel? ¿Nos hemos vuelto locos?

Además, es falso que nos estén pasando los test masivamente, los siguen pasando a los sintomáticos, lo que es un grave error. Los test hay que pasarlos a todos y cada uno de los residentes y profesionales, porque en el momento en el que detectemos a los asintomáticos, a los profesionales hay que mandarlos a casa y a los mayores hay que aislarlos para proteger a los demás. Si no se pasan esos test, ¿cómo lo podemos saber? ¿Con una clínica, con lo cambiante que es en este virus?

Estamos hablando de personas mayores que llevan confinadas más de dos meses en sus habitaciones, no es un piso en el que se puedan mover. ¿Cómo es posible que no se tenga en cuenta eso para protegerles más y hacer su vida más fácil? Es desesperante que algo tan básico y fundamental no lo entiendan las Autoridades.

Ya ha comenzado la desescalada. ¿Cómo debería ser con los mayores que viven en residencias de mayores?

Dependiendo del centro. Mayoritariamente están libres de Covid-19, aunque creamos que todos están infectados. Hay que seguir implementando medidas preventivas que permitan la vida normal de las personas. Tienen que empezar a salir de sus habitaciones, aunque sea con mascarillas y guantes. Tienen que hacer sus actividades físicas y cognitivas, convivir y relacionarse. Y tendrán que poder ver a sus familias.

Desde el momento en el que no se sabe quién está infectado y quién no lo está, a pesar de una desescalada en la que la gente ya sale a la calle como si no pasara nada, puede haber rebrotes. ¿Cómo están previendo las residencias de mayores esta eventualidad?

Por lo que se está habiendo, parece seguro que habrá un rebrote, no hay más que ver cómo va la gente. Frente a cómo estábamos cuando empezó, tenemos más información sobre el virus. Ahora nos han enseñado a sectorizar bien los centros y a aislar bien a las personas. También, a utilizar bien los equipos de protección individual para evitar el contagio.

Todo eso antes no lo sabíamos y ahora sí. Si a estas alturas alguien no se ha enterado de que tiene que tener el almacén lleno de materiales de protección, tiene un problema. Y espero que las Autoridades Sanitarias tomen buena nota de que impedir a los mayores ir al hospital es un error garrafal que provoca una tragedia.

Hay que pasar test a todos los residentes y a todo el personal. Por eso estamos preocupadísimos y asustados, porque estamos solos y somos el eslabón más débil de la cadena; al que se le hace responsable de todo. ¿Cómo alguien puede pensar que nos gusta tener cadáveres en los centros? Es tremendamente malicioso decirlo.

¿Medicalización de residencias?

“Como han fallecido muchas personas en las residencias, ¿hay que medicarlizarlas? Pues no. Ha fallado el sistema público de salud, y eso es lo que habrá que revisar, no las residencias. ¿Necesitamos medicalizar algunos centros? Llevamos diciéndolo mucho tiempo: el 40 % de las camas hospitalarias están utilizadas por personas mayores con enfermedades crónicas. Y los hospitales son instituciones para curar a personas con enfermedades agudas, no para tratar a personas con enfermedades crónicas; para eso tiene que haber otros recursos. Esas serían las residencias medicalizadas, centros intermedios”, explica Ignacio Fernández-Cid, presidente de la FED.

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