Durante décadas, la imagen de la vejez ha estado ligada a la desconexión y a la dificultad para manejar lo nuevo. Sin embargo, un análisis del portal Envejecimiento en Red (CSIC) revela que estamos ante un cambio histórico. Las personas que hoy entran en la etapa de la jubilación no son las mismas de hace veinte años. Son las llamadas "generaciones digitales", personas que han convivido con la tecnología en su vida laboral y que ahora la integran de forma natural en su vejez.
Para los profesionales del sector de la dependencia, este cambio es fundamental. Ya no atendemos a un usuario que huye de lo digital, sino a uno que demanda videollamadas, gestión de citas por app y ocio online. Esta renovación de la vejez obliga a replantear desde los servicios de teleasistencia hasta la dinamización en los centros de día, adaptándolos a un perfil mucho más autónomo y conectado.
El estudio del CSIC destaca que el acceso a internet ya no es una barrera insalvable. La mayoría de los nuevos mayores disponen de dispositivos móviles y conexión en el hogar. Lo que antes era un privilegio de pocos, hoy es la norma. Los "nuevos viejos" utilizan la red para informarse, realizar gestiones bancarias y, sobre todo, para mantener los vínculos familiares.
Esta conectividad tiene un efecto preventivo directo sobre la soledad no deseada. Al dominar herramientas de mensajería y redes sociales, el riesgo de aislamiento social disminuye. La tecnología actúa como un puente que mantiene al mayor integrado en la conversación social, permitiéndole participar activamente en la vida de sus hijos y nietos sin importar la distancia física.
La jubilación ya no se entiende como un periodo de pasividad. Las generaciones digitales aprovechan los recursos online para seguir aprendiendo. El fenómeno de la "universidad de la tercera edad" se ha expandido gracias a los cursos MOOC y las conferencias en streaming. El mayor de 2026 es un consumidor crítico de contenidos culturales y formativos.
Además, el ocio digital ha entrado con fuerza. Desde el uso de juegos de entrenamiento cerebral hasta el consumo de plataformas de cine bajo demanda, el entretenimiento en el hogar ha ganado en calidad y variedad. Esto permite que el tiempo libre tras la jubilación sea percibido como una etapa de crecimiento personal y no de declive.
Uno de los avances más significativos es la adopción de la tecnología para el cuidado de la salud. Los nuevos mayores se sienten cómodos utilizando relojes inteligentes que miden sus pasos o su ritmo cardíaco. Esta proactividad facilita la labor de los médicos y cuidadores, ya que el propio usuario se convierte en un gestor activo de su bienestar.
La tecnología devuelve el control a la persona. Poder comprar online, gestionar una receta electrónica o dominar la domótica del hogar permite que muchas personas permanezcan en su casa durante más tiempo. El "hogar conectado" es la herramienta de desinstitucionalización más potente de la que disponemos actualmente, ya que suple las limitaciones físicas con soluciones digitales.
Aunque el acceso está garantizado, el CSIC advierte que todavía existe una "brecha de uso". No se trata de tener el aparato, sino de saber sacarle provecho de forma segura. Aquí es donde los centros de mayores y las entidades sociales juegan un papel clave: deben pasar de enseñar "cómo se enciende el ordenador" a enseñar "cómo evitar estafas online" o "cómo usar la inteligencia artificial para el día a día".
El informe sugiere que el futuro no pasa por crear "tecnología para viejos", sino por el diseño universal. Dispositivos que sean fáciles de usar para todos, con interfaces intuitivas y comandos de voz. Cuando la tecnología es invisible y sencilla, deja de ser una barrera para convertirse en un aliado invisible que facilita la vida cotidiana sin estigmatizar al usuario por su edad.
Los proveedores de servicios deben actualizarse con urgencia. Una residencia que solo ofrece televisión como entretenimiento está quedando obsoleta para este nuevo perfil. Los centros del futuro deben ser centros de conectividad. El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) debe integrar la formación digital del usuario como una tarea más, ayudándole a mantener su ventana al mundo siempre abierta.
La digitalización de la vejez no es una moda, es una transformación estructural. Las generaciones que están llegando a los 65 años han sido las protagonistas de la revolución tecnológica en sus trabajos. Ahora, esperan que esa misma tecnología les ayude a vivir una vejez más libre, más informada y, sobre todo, mucho más conectada con la comunidad.
| Perfil de Vejez | Modelo Tradicional | Generación Digital (CSIC) | Impacto en Cuidados |
| Comunicación | Teléfono fijo / Presencial | WhatsApp / Videollamada | Menor soledad no deseada |
| Salud | Reactiva (ir al médico) | Proactiva (apps de salud) | Prevención y detección precoz |
| Ocio | Pasivo (TV, radio) | Activo (Streaming, cursos) | Estimulación cognitiva constante |
| Gestión | Delegada en la familia | Autogestión online | Mayor autonomía personal |
Las nuevas generaciones de mayores están rompiendo los moldes tradicionales. Según el CSIC, la entrada de personas con competencias digitales en la vejez está renovando por completo el concepto de envejecimiento en España.
La tecnología ya no es un obstáculo, sino un motor de autonomía. Permite a los mayores gestionar su salud, combatir la soledad y seguir aprendiendo desde sus hogares. La brecha digital se está cerrando, dando paso a una vejez empoderada y activa.
Para el sector de la dependencia, esto supone un reto de adaptación. Los servicios deben evolucionar para satisfacer a un usuario que busca soluciones digitales para seguir conectado con su entorno.
En conclusión, la "vejez digital" es una oportunidad para mejorar la calidad de vida. Aprovechar el potencial de estas nuevas generaciones nos permitirá construir un modelo de cuidados más eficiente, donde la tecnología esté al servicio de la libertad y el proyecto de vida de cada persona.
https://envejecimientoenred.csic.es/las-generaciones-digitales-renuevan-la-vejez/