Dependencia

La paradoja de la jubilación en España: ¿Son nuestros mayores más pobres que los europeos?

ECONOMÍA Y BIENESTAR

Un análisis del Instituto Santalucía basado en datos de la OCDE compara los ingresos de los pensionistas españoles y analiza el riesgo de exclusión social.

Redacción | Jueves 19 de febrero de 2026

España se encuentra en una encrucijada económica. Mientras la esperanza de vida sigue creciendo, la sostenibilidad de los ingresos durante la vejez se ha convertido en el centro del debate público. Un detallado informe difundido por el Instituto Santalucía arroja luz sobre una realidad compleja: aunque España tiene un sistema de pensiones que protege relativamente bien frente a la pobreza extrema, la dependencia casi total de la pensión pública sitúa a nuestros mayores en una posición de vulnerabilidad ante los cambios demográficos que se avecinan.



Para entender la salud económica de una sociedad, no basta con mirar cuánto dinero entra en las casas, sino qué capacidad tienen las personas para mantener su nivel de vida cuando dejan de trabajar. El análisis del Instituto Santalucía destaca que España presenta una de las tasas de sustitución más altas de la OCDE. Esto significa que, en el momento de jubilarse, el primer pago de la pensión pública suele ser muy cercano al último sueldo recibido, lo que supone un éxito histórico del modelo de bienestar español.

Sin embargo, desde un espíritu crítico, el estudio advierte que esta "generosidad" inicial del sistema público tiene un reverso preocupante. Al confiar casi exclusivamente en la pensión del Estado, los ciudadanos españoles presentan niveles de ahorro complementario muy bajos. En países como Holanda o Dinamarca, el pensionista cuenta con varias "patas" de ingresos: la pública, la de su empresa y su ahorro personal. En España, si la pensión pública falla o se recorta, el ciudadano se queda sin red.

La comparación internacional es clave para situarnos en el mapa de la longevidad. El informe muestra que, aunque los ingresos brutos de los jubilados españoles pueden parecer menores que los de un alemán o un sueco, su poder adquisitivo real se ve equilibrado por otros factores. No obstante, el modelo español está extremadamente tensionado por la baja natalidad, lo que obliga a replantearse si esta alta tasa de sustitución podrá mantenerse para los jóvenes que hoy tienen 30 o 40 años.

El papel determinante de la vivienda en propiedad

Un aspecto constructivo y fundamental del análisis es el papel de la vivienda. A diferencia de lo que ocurre en el norte de Europa o en Estados Unidos, la gran mayoría de los mayores en España posee su casa en propiedad y sin cargas hipotecarias. Esto actúa como un "ahorro invisible" o una renta en especie. Al no tener que pagar un alquiler, el dinero de la pensión rinde mucho más, reduciendo drásticamente el riesgo de exclusión social.

Pero aquí es donde el espíritu crítico debe alertarnos. Este modelo de "bienestar basado en el ladrillo" está desapareciendo. Las nuevas generaciones tienen dificultades de acceso a la vivienda que sus padres no tuvieron. Esto implica que los futuros jubilados podrían tener que dedicar una parte sustancial de su pensión al alquiler, lo que elevaría exponencialmente el riesgo de pobreza en la vejez si los ingresos públicos no aumentan o no se complementan con ahorro privado.

Comparativa de ingresos y vulnerabilidad

Indicador Económico Situación en España Comparativa OCDE
Tasa de Sustitución Muy alta (aprox. 80%) De las más elevadas de la muestra.
Ahorro Privado Muy bajo Muy por debajo de la media europea.
Riesgo de Pobreza Moderado-Bajo en +65 Mejor que en la población infantil.
Vivienda Propia Muy alta presencia Factor corrector clave del bienestar.

La brecha de género y la soledad económica

El informe también pone el foco en una asignatura pendiente: la desigualdad entre hombres y mujeres. Aunque el sistema de pensiones protege, la cuantía de las prestaciones femeninas sigue siendo inferior debido a las interrupciones en sus carreras laborales para el cuidado de familiares. Esta brecha económica se agrava con la edad, especialmente en las mujeres mayores de 80 años que viven solas, un colectivo con un riesgo de pobreza significativamente mayor.

Para que el modelo sea sostenible, la reflexión constructiva nos invita a fomentar una cultura financiera más sólida desde la juventud. El Instituto Santalucía sugiere que no se trata de desmantelar lo público, sino de reforzarlo con sistemas de previsión social que no dependan solo de la demografía. La educación financiera y el fomento de planes de empresa se revelan como las mejores herramientas para que la jubilación no sea una etapa de incertidumbre económica.

En conclusión, los mayores en España disfrutan hoy de una protección sólida, pero el modelo muestra señales de fatiga de cara al futuro. El análisis internacional nos obliga a mirar más allá de nuestras fronteras para entender que la seguridad económica en la vejez requiere diversificar nuestras fuentes de ingresos. Solo mediante una planificación activa podremos garantizar que el éxito de vivir más años no se convierta en una carga financiera insoportable para las próximas generaciones.

En un minuto: lo que está pasando

  • Dependencia pública: El sistema español es muy protector, pero carece del colchón de ahorro privado que tienen otros vecinos europeos.

  • El factor vivienda: La casa en propiedad actúa como un ahorro "invisible" fundamental para el bienestar del jubilado actual.

  • Cambio generacional: El acceso a la vivienda hoy determinará quién será el jubilado pobre del mañana.

Referencias

Nota importante: Las comparaciones internacionales son herramientas útiles para el diseño de políticas, pero deben leerse con cautela. La posición favorable de los pensionistas españoles actuales depende de factores históricos que podrían no repetirse.

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