Tres de la madrugada, 27 grados. Esa fue la temperatura mínima en Barcelona durante la noche del 28 al 29 de junio de 2026. No fue una anomalía: es la nueva norma. El cambio climático ya no es solo un fenómeno ambiental: es también una crisis de salud pública, y las personas mayores están en el centro de su impacto más devastador.
Elizabeth Diago Navarro, investigadora y coordinadora del Hub de Preparación y Respuesta del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), lo explica con claridad: España transita hacia un clima en el que el calor extremo es una condición recurrente y estructural, que supera el antiguo patrón de olas de calor esporádicas.
La combinación de ubicación geográfica mediterránea, envejecimiento demográfico acelerado y economía altamente dependiente de sectores expuestos sitúa a España en el centro de esta vulnerabilidad.
Los esquemas tradicionales de protección civil y salud pública resultan ya insuficientes ante temporadas estivales cada vez más prolongadas.
Solo en el verano de 2024, más de 62.700 personas murieron por causas relacionadas con el calor en Europa, según un estudio del ISGlobal publicado en Nature Medicine.
Cada grado adicional de temperatura eleva la morbilidad general un 18% y la de las personas mayores de 65 años un 25%.
La mayoría de las muertes por calor se registran como causa cardiovascular, respiratoria o renal, no como "muerte por golpe de calor".
Esto lleva a subestimar sistemáticamente el problema, según advierte Diago.
Se trata fundamentalmente del agravamiento de enfermedades previas: descompensaciones cardiovasculares, insuficiencia renal, desequilibrios electrolíticos o afecciones causadas por fármacos que alteran la capacidad termorreguladora del paciente.
El calor también afecta a la salud mental: eleva el riesgo de ansiedad un 43% y el de depresión un 26% por cada grado adicional.
En gestantes, crece el riesgo de prematuridad y muerte fetal.
El impacto del estrés térmico está profundamente determinado por la renta y el género.
La investigadora es directa: el código postal puede ser más determinante para la salud que cualquier factor clínico.
En Madrid, los barrios de menor renta registran hasta 4,1 grados más de temperatura nocturna por la falta de vegetación y la peor calidad de las viviendas.
Las mujeres mueren un 56% más que los hombres durante las olas de calor, debido a factores fisiológicos posmenopáusicos y mayor aislamiento social.
Las mayores de 65 años son el subgrupo de mayor riesgo.
Las personas mayores que viven solas y sufren soledad no deseada son otro grupo de alta vulnerabilidad.
Los trabajadores al aire libre también concentran una exposición muy elevada: migrantes temporeros en agricultura o trabajadores de la construcción son los más expuestos.
La respuesta a si las ciudades españolas están preparadas es directa: no.
El 85% del parque edificatorio europeo se construyó sin criterios de protección frente al calor.
La tasa de rehabilitación anual es solo del 1%.
España pierde ya 320 millones de euros al año en lesiones laborales vinculadas al estrés térmico.
La investigadora identifica cuatro prioridades urgentes.
Integrar el riesgo térmico en los códigos de edificación.
Ampliar el arbolado en barrios desfavorecidos para reducir el efecto isla de calor urbana.
Garantizar la aplicación efectiva de la regulación laboral ante avisos de la AEMET, especialmente en los sectores más vulnerables.
Tratar el calor como un riesgo estructural permanente, no solo estacional.
Las herramientas ya existen: los planes de prevención bien implementados reducen la mortalidad por calor un 25,2% en las localidades europeas que los aplican.
España cuenta con un Plan Nacional, pero su aplicación es desigual según territorios y falta financiación y evaluación exhaustiva de su eficacia.
Diago sitúa el optimismo en el tejido social: las iniciativas comunitarias demuestran que la protección más efectiva frente al calor no siempre viene de arriba, sino del barrio.
Saber quién vive solo en tu escalera, conocer el refugio climático más cercano y tener un plan familiar son medidas concretas y accesibles.
Esta cultura de preparación colectiva no se improvisa en julio: se construye durante todo el año con formación, redes y convicción.
| Indicador | Dato |
|---|---|
| Muertes por calor en Europa en verano 2024 | Más de 62.700 |
| Incremento de morbilidad general por cada grado adicional | +18% |
| Incremento de morbilidad en mayores de 65 años por cada grado | +25% |
| Mayor mortalidad de mujeres frente a hombres en olas de calor | +56% |
| Aumento del riesgo de ansiedad por cada grado adicional | +43% |
| Aumento del riesgo de depresión por cada grado adicional | +26% |
| Temperatura nocturna extra en barrios de menor renta en Madrid | Hasta +4,1ºC |
| Pérdidas económicas anuales por lesiones laborales por calor en España | 320 millones de euros |
| Reducción de mortalidad con planes de prevención bien aplicados | 25,2% |
| Edificios construidos sin protección frente al calor en Europa | 85% |
Las personas mayores de 65 años son el grupo con mayor incremento de morbilidad por calor, con un 25% adicional por cada grado de temperatura.
Los centros residenciales y de atención a la dependencia son entornos donde este riesgo se concentra: personas mayores, muchas con enfermedades crónicas o polimedicadas, en edificios construidos sin criterios de protección térmica y con personal que puede no tener protocolos actualizados de actuación ante el calor.
El artículo menciona expresamente los fármacos que alteran la capacidad termorreguladora del paciente como una causa relevante de agravamiento por calor.
Muchos de los residentes de centros de mayores están polimedicados con fármacos diuréticos, antihipertensivos, psicofármacos o anticolinérgicos que pertenecen a esta categoría.
Esto convierte la revisión farmacológica estival en una intervención preventiva de primer orden en los centros sociosanitarios.
El artículo señala explícitamente a las personas mayores aisladas que sufren de soledad no deseada como un grupo de especial vulnerabilidad.
Para el sector sociosanitario, esto refuerza el argumento de que los programas de acompañamiento y detección de personas mayores que viven solas tienen un impacto directo sobre la mortalidad por causas climáticas, no solo sobre el bienestar emocional.
Un artículo del blog de CaixaResearch basado en una entrevista con la investigadora del ISGlobal Elizabeth Diago Navarro alerta de que el calor extremo ya causa más de 62.700 muertes anuales en Europa y que las personas mayores de 65 años registran un incremento del 25% en la morbilidad por cada grado adicional de temperatura.
La investigadora advierte de que el calor ha dejado de ser una emergencia estacional para convertirse en un riesgo estructural, y que la protección más efectiva no siempre viene de arriba sino del barrio y de la red comunitaria.
Claves del artículo: