Dependencia

Fundación Edad&Vida comparece en el Parlamento de Cataluña para hablar de residencias de mayores y COVID

María José Abraham, directora general de la Fundación Edad&Vida, durante una comparecencia ante el Parlamento de Cataluña, en una imagen de archivo.
Viernes 08 de julio de 2022

La Fundación Edad&Vida ha comparecido ante el Grupo de Trabajo de Análisis del Impacto del COVID-19 en Residencias de Mayores, impulsado por el Parlamento de Cataluña, para exponer su visión de los sucesos de 2020 y 2021.

La comparecencia de la Fundación Edad&Vida ante el Parlamento de Cataluña se enmarca en los análisis específicos del impacto del COVID-19 en residencias de mayores que ya puso de manifiesto en octubre de 2021, durante su Congreso Internacional Dependencia y Calidad de Vida. “Se concluyó que la COVID simplemente ha puesto de manifiesto de forma cruda los déficits del sistema. Los que todos conocíamos”, destacaron los ponentes de la Fundación durante la comparecencia.

En este sentido, subrayaron que “no había planes de contingencia para afrontar una situación parecida y no se tuvieron criterios claros de actuación durante muchas semanas en la prevención de la pérdida de capacidades (cognitivas, físicas y funcionales) conservadas en las personas usuarias de estos servicios y en la compensación del impacto de la cronicidad”.

“Además, la COVID ha evidenciado la reducida accesibilidad de las personas que viven en residencias a los sistemas de salud de la mayor parte de países del mundo. En este caso, todo el mundo ha podido comprobar que la falta de integración sociosanitaria extrema, en todos los ámbitos y en todos los interlocutores, comporta consecuencias graves de todo tipo y muerte”, añadieron sobre la polémica decisión de no trasladar a los infectados institucionalizados a hospitales.

Impacto del COVID en residencias de mayores

La Fundación Edad&Vida quiso resaltar que “las residencias de mayores, por definición normativa, no fueron concebidas para hacer frente a procesos infecciosos, ni a un virus infecto-contagioso de las características del COVID-19”, lo que evidencia que no son hospitales, sino hogares asistidos en su vertiente sociosanitaria.

El hecho de que los centros no estuvieran preparados para atender a enfermos también afectó a los profesionales, que carecían tanto de la formación como del equipamiento necesario para hacer frente a una labor que no era de su competencia. “El contexto COVID ha dado pie a insistir especialmente en la necesidad de formar y profesionalizar el sector de cuidados. Ha servido para refrescar el recuerdo de que los profesionales, los trabajadores, todos, tanto del sector social como del de salud, son personas”, por lo que “la vocación, la motivación, no es condición suficiente”.

En busca de un cambio de modelo en los cuidados a personas

Al respecto, desde la Fundación se quiso incidir en la necesidad de impulsar un cambio de modelo. “Se pretende, así, desarrollar los servicios domiciliarios, coordinados e integrando apoyos multidimensionales (no solamente sociales o sanitarios) y flexibles para que se adaptan a las necesidades variadas de los ciudadanos y permitir que permanezcan en su entorno. Por otro lado, se propone realizar un proceso de desinstitucionalización cuyo objetivo sería transformar las actuales plazas residenciales en entornos domésticos, hogareños, modulados en grupos pequeños de personas en situación de dependencia grave y garantizando la intimidad de quienes allí viven (por ejemplo, aumentando el número de habitaciones individuales)”, explicaron.

Además, pidieron apostar por “un modelo integrado social y sanitario” que permita evitar “la excesiva fragmentación de servicios” para situar “a la persona en el centro del modelo, aportándole los apoyos necesarios para que desarrolle su plan de vida”. Y lo hicieron proponiendo un cambio de modelo que incluya los siguientes puntos:

  • Reconocer la atención sanitaria en residencias como un nivel asistencial diferenciado de la primaria y de la hospitalaria y plenamente integrado en el Sistema Nacional de
  • Establecer las herramientas de integración necesarias para facilitar el funcionamiento de este nuevo nivel asistencial de forma integrada con los demás niveles y recursos de los sistemas nacionales de salud y el de servicios
  • Desarrollo de un nuevo modelo de planificación de cuidados de larga duración.
  • Creación de un marco estatal de acreditación social y sanitaria básico y común en todos los
  • Apostar por la especialización profesional, reconociendo la formación específica y especializada, e impulsar la formación
  • Mejorar las condiciones laborales de los profesionales de los centros residenciales para hacerlas más atractivas y
  • Establecimiento de un nuevo modelo de financiación.
  • Uso eficiente de los recursos
  • Priorizar la libertad individual en la elección del recurso asistencial.
  • Poner en marcha estudios científicos robustos que expliciten tanto la carga sanitaria que atienden los centros residenciales como el coste real de la atención en los centros por grados de dependencia.
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