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Maribel Galvá: “Sería lamentable tener que volver a cerrar las residencias por malas actuaciones de la población”

Maribel Galvá es médico geriatra y tesorera de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Entrevista con la médico geriatra y tesorera de la SEGG

Martes 01 de septiembre de 2020

La segunda ola de coronavirus en España ha estallado en pleno verano, entre imágenes de fiestas, botellones y vida de una parte de la ciudadanía que parece haber olvidado muy rápido lo que pasó en primavera. A las puertas del temido otoño, las residencias tiemblan porque ellas no lo han olvidado. Hablamos con una médico geriatra que trabaja en residencias de mayores para que nos explique el punto del que partimos para enfrentarnos a la segunda oleada en unos centros que luchan por proteger a los más vulnerables y olvidados de la pandemia.

¿Ha habido avances o mejoras reales en las residencias de mayores respecto a la situación vivida durante el confinamiento e inmediatamente después del mismo?

Sí ha habido cambios, ahora hay un mayor conocimiento de la enfermedad y del problema que genera. Las informaciones que teníamos en marzo venían derivadas de los pacientes de China, y muchas veces se trataba de estudios observacionales. En residencias no sabíamos muy bien cómo se iba a presentar, ya que, además, nuestra población es vulnerable, con cronicidad, deterioro funcional y cognitivo… No había un conocimiento exhaustivo para saber diferenciar una descompensación de estas patologías de manifestaciones COVID.

Muchos de los profesionales que estamos en residencias hemos tenido experiencia con casos y sabemos cómo se manifiestan, y los que no, ya tienen acceso a publicaciones que vienen de países mucho más cercanos. Han salido muchos datos de expertos y experiencias en hospitales españoles, por ejemplo, y ya conocemos cuáles son los síntomas, cómo se manifiestan…

Y, además, en marzo no teníamos medios de protección, no teníamos EPIs. En este tiempo, la mayoría de centros han accedido a estos materiales para afrontar el otoño. Las Autoridades Sanitarias obligan a estar preparados para una nueva ola, que no esperábamos tan pronto, pero que no puede coger a los centros sin recursos materiales.

Estos factores parecen reactivos, pero ¿están las residencias preparadas a nivel preventivo para evitar que entre el virus en ellas?

Yo creo que sí. El mundo residencial es muy diverso y no todas las residencias tienen personal médico o de enfermería, por lo que, en marzo y abril, sin directrices del ámbito sanitario, muchas no sabían ni cómo hacer un aislamiento o una sectorización.

Ahora, los centros hemos tenido la obligación de formalizar un plan de prevención, detección y contingencia en caso de detectar un positivo. No es una mera formalización, sino que hay que estar preparados. Hay una mayor preparación y un mayor conocimiento, y además se ha tratado de fomentar la formación en lavado de manos, el uso de mascarillas o los EPI en los centros residenciales. Todo esto no existía en marzo.

¿Esos planes que presentan los centros residenciales los crean desde cero o parten de unas bases que proporcionan las Autoridades Sanitarias?

Cada centro tiene la obligación de hacer un plan, en varias Comunidades Autónomas, como Andalucía, donde estoy yo. Se elaboran siguiendo las recomendaciones de las Autoridades Sanitarias, tanto autonómicas como del Ministerio de Sanidad, que tiene recomendaciones para centros sociosanitarios en su web, por ejemplo.

Otros referentes de salud son las enfermeras de enlace o incluso los inspectores, que han intervenido para ayudar a estos centros a elaborar el plan. El soporte es mayor o menor en función del centro. Esto es así y es como debería ser. Que se haya cumplido o no en todo el territorio español, no tengo datos. Son muchísimos centros residenciales en España y no sabemos si se ha llegado a todos.

Ha habido residencias que en la primera oleada del virus se encerraron y no tuvieron casos, y ahora, a pesar de continuar con medidas estrictas, ha entrado el virus en ellas. ¿Existe el riesgo cero?

No, no podemos ser garantistas y decir que, a pesar de todas las medidas de protección, no vaya a entrar el virus. Una de las medidas adoptadas junto a las Comunidades Autónomas es que toda persona que vuelva de vacaciones se tiene que hacer un PCR en las 72 horas previas a su reincorporación. Pero esa PCR es una foto en un momento determinado, pero todos nos seguimos relacionando.

En los medios residenciales en los que intervengo, tenemos por norma que, ante cualquier síntoma, por banal que sea, no vengan a trabajar. Pero es que hay un montón de casos asintomáticos, por lo que un trabajador puede ser un vehículo sin saberlo.

¿Se hacen las medidas de protección de lavar manos, cambiar guantes y mascarilla, no manipular mascarilla? Sí, pero no hay garantías de que se haga en todo momento, es muy complicado: hablamos de mucho tiempo cada día.

¿Podría repetirse una situación como la vivida en marzo y abril o con todas estas medidas que se están tomando ahora podrían darse casos e incluso muertes, pero no a ese nivel?

En principio, con estas medidas se puede contener el foco en la residencia si entra. En aquellos momentos no, se disparaba. Pero, si no se pudiera contener, se sabe cómo es cada residencia, ya que en algunas el riesgo es mayor que en otras por sus recursos o porque no pueden sectorizar.

Se sabe que cuando hay un positivo en estos centros, se tiene que ir, sea o no sea grave. Cada Comunidad tiene su propio modelo, con hospitales de larga estancia o centros de cuidados intermedios. Incluso hoteles medicalizados. Todo esto está previsto y existen dispositivos que no había en marzo.

¿No es un poco caótico que cada residencia y cada Comunidad Autónoma tenga sus propios planes para las residencias de mayores?

Ahora hay puntos concretos comunes que planteó el Ministerio y con los que casi todas las Comunidades estuvieron de acuerdo. No son de obligado cumplimiento porque es competencia autonómica, pero, por ejemplo, en Andalucía se aplicaron medidas que salieron de esa reunión.

Esas reuniones deberían ser continuas porque la situación puede ir cambiando; necesitamos esa comunicación para que no haya mensajes confusos. Es muy importante para las residencias pequeñas, con pocos recursos sanitarios, que tengan un adecuado soporte desde Salud. Si no, se sienten aislados y sin medios.

Basta salir a dar un paseo para ver hasta qué punto se cumplen las normas, y no digamos de ver ciertas imágenes en los informativos o incluso a nuestros amigos en redes sociales. Como médico del sector residencial, que ha sufrido 7 de cada 10 muertes por el virus, ¿qué siente al ver estos comportamientos?

Lamento que la gente no se lo tome en serio. Tenemos una responsabilidad individual. Hay gente joven, pero también ‘no joven’ y negacionista…

Sientes indignación, sentimientos de pena e indignación. Lamentaría mucho que, debido a la poca responsabilidad que tenga la población, empecemos a tener muchos casos y transmisión comunitaria que obligue a un nuevo cierre de las residencias. Porque los residentes, que estuvieron totalmente aislados, lo pasaron muy mal. No tuvieron contacto con familiares. El confinamiento fue terrible y hay gente que no se ha recuperado totalmente. Sería penoso que, por malas actuaciones de la población general, esta población tan sensible, y para protegerla, tuviera que perder de nuevo la posibilidad de interactuar con familiares, aunque ahora las visitas sean muy restringidas. Sería lamentable volver a cerrar las residencias, aunque fuera muy seguro. No se lo merecen.

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