La atención a la fragilidad en los centros sociales de Asturias ha demostrado mejorar significativamente la calidad de vida de las personas mayores y fortalecer su autonomía. Un programa implementado en siete centros ha alcanzado un 98% de valoraciones positivas, evidenciando un aumento en el bienestar físico, emocional y social de sus participantes. La Consejería de Derechos Sociales asegura que este servicio será parte del sistema público de cuidados para prevenir la dependencia. Desde su inicio en 2024, el programa ha beneficiado a 148 personas, principalmente mujeres entre 70 y 89 años, y ha mostrado resultados positivos en áreas como la estimulación cognitiva y la socialización. Este enfoque proactivo es crucial para evitar el deterioro funcional y fomentar una vida activa en la tercera edad.
La atención a la fragilidad en los centros sociales ha demostrado ser un factor clave para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Este programa, que ya se implementa en siete equipamientos, ha alcanzado un notable 98% de valoraciones positivas y ha evidenciado un aumento significativo del bienestar físico, emocional y social entre sus participantes.
La Consejería de Derechos Sociales ha decidido reforzar este servicio dentro del sistema público de cuidados, reconociendo su importancia en la prevención de la dependencia. Así lo manifestó el director general de Promoción de la Autonomía Personal y Mayores, Enrique Rodríguez Nuño, al presentar los resultados del programa.
El análisis realizado sobre el Programa de Atención a la Fragilidad revela que esta iniciativa no solo mejora la calidad de vida de los participantes, sino que también refuerza su autonomía y contribuye a prevenir situaciones de dependencia. Desde su inicio en 2024 como experiencia piloto en cinco centros, el proyecto se ha expandido a otros dos: Pumarín (Oviedo), El Llano (Gijón), Mieres, Pola de Lena, La Felguera (Langreo), La Luz (Avilés) y Nava.
Hasta ahora, 148 personas han participado en este programa, con una notable mayoría femenina (80,4%). La mayoría de las participantes se encuentra en el rango de edad entre 70 y 89 años y presentan deterioro cognitivo leve o enfermedades crónicas. También hay usuarias derivadas desde el sistema sanitario o con niveles iniciales de dependencia.
El estudio combina indicadores cuantitativos y cualitativos para evaluar el impacto del programa. Los resultados muestran una mejora generalizada en los niveles de bienestar, especialmente en áreas como la autonomía personal y las relaciones interpersonales. Además, el alto grado de aceptación por parte de los participantes respalda la efectividad del programa.
Rodríguez Nuño subrayó que “intervenir a tiempo en situaciones de fragilidad permite no solo mejorar la calidad de vida de las personas mayores, sino también anticiparse a la dependencia”. Destacó además el papel fundamental que desempeñan los centros sociales como espacios clave para la prevención y participación activa.
La fragilidad es entendida como un estado previo a la dependencia que requiere intervención temprana. En este sentido, los centros sociales se consolidan como lugares idóneos para identificar riesgos y activar redes comunitarias. El programa incluye intervenciones grupales e individualizadas tras una valoración social inicial.
Se diseñan itinerarios personalizados que integran actividades enfocadas en mejorar el bienestar global. Las principales acciones incluyen estimulación cognitiva y funcional, gestión emocional, musicoterapia y espacios para socialización. Estas medidas han tenido un impacto notable en la actividad física y hábitos saludables, fundamentales para retrasar situaciones de dependencia.
La jornada dedicada a presentar estos resultados culminó con una actuación del coro del centro social de Sama, ubicado en Langreo. Este evento también contó con la presencia de Rocío Allande, directora general de Cuidados y Coordinación Sociosanitaria.
* En la imagen, Enrique Rodríguez Nuño durante la presentación del Programa de Atención a la Fragilidad.
| Cifra | Valor |
|---|---|
| Número de centros sociales | 7 |
| Porcentaje de valoraciones positivas | 98% |
| Número total de participantes | 148 |
| Porcentaje de mujeres participantes | 80.4% |
Es un programa desarrollado en centros sociales para mejorar la calidad de vida de las personas mayores y reforzar su autonomía, evidenciando un impacto positivo en el bienestar físico, emocional y social de los participantes.
El programa se está llevando a cabo en siete centros sociales ubicados en diferentes localidades del Principado.
El programa ha alcanzado un 98% de valoraciones positivas entre sus participantes.
La mayoría de los participantes son mujeres (80,4%) con edades comprendidas entre 70 y 89 años, que presentan deterioro cognitivo leve, enfermedades crónicas o situaciones de soledad no deseada.
Las intervenciones incluyen actividades grupales e individualizadas como estimulación cognitiva y funcional, gestión emocional, musicoterapia y espacios de socialización.
Intervenir a tiempo en situaciones de fragilidad permite anticiparse a la dependencia y fortalecer la autonomía desde el entorno comunitario.