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Espacios para sentirse vivo

martes 11 de diciembre de 2018, 21:35h

Entre una vivienda y un hogar hay puntos comunes, pero, también, diferencias sustanciales. Así, mientras el primero es aquel espacio que da cobijo a una persona o varias, el segundo proporciona, además, esa singular sensación de calma, seguridad y sosiego que sólo procura lo conocido. Y lo conocido, siempre, es esa mezcla inaprensible de olores, ambientes, tareas, sabores y tonalidades –sensaciones, en definitiva- que convierten en un hogar el espacio que delimitan cuatro paredes.

Eso, y no otra cosa, es lo que en las residencias asistidas de L’Onada Serveis intentamos reproducir con las Unidades de Convivencia que hemos introducido en la oferta de nuestros más de treinta centros. Lo hacemos con un objetivo: brindar a las personas usuarias de nuestros servicios que sufren un mayor deterioro cognitivo un espacio de seguridad y bienestar que sirva, además, para activar las capacidades que aún conservan con estímulos conocidos y habituales en sus vidas anteriores.

Así, y sin más finalidad que mejorar la calidad de vida de nuestros usuarios, elementos para cualquiera cotidianos y, hasta no hace tanto, ajenos a entornos asistenciales, como una cafetera italiana, un tocador, un tendedero de ropa, una huerta, una cocina completa, una caja de herramientas o una pequeña sala de estar, se convierten en piezas clave dentro de estos nuevos espacios que hacen que las personas usuarias de nuestros centros vivan mejor.

Eso, y no otra cosa, son las Unidades de Convivencia: espacios que parecen hogares porque están llenos de vida.

Las actividades pautadas que los usuarios desarrollan bajo la supervisión de los gerocultores se mezclan en ellos con otras espontáneas que incentivamos dejando al alcance de las personas usuarias elementos que sabemos les resultarán familiares porque hemos estudiado hasta el máximo detalle sus historias de vida.

Con ello, estimulamos lo que denominamos tareas vocacionales, que van desde tender la ropa, fregar los cacharros o desmontar un aparato electrónico para intentar arreglarlo, a barrer el suelo, leer un diario o una revista o, también, cultivar verdura en un huerto y hacer conservas, después, con los frutos de nuestro trabajo.

Creamos así entornos de libertad para personas que, aunque por sus circunstancias y evolución han de ser internadas, pueden desarrollar por sí mismas, todavía, pequeñas tareas cotidianas que refuerzan su autoestima, estimulan sus capacidades y hacen que sean más felices porque, y eso no hay que olvidarlo nunca, todos necesitamos sentirnos útiles, ocupados y válidos.

Las Unidades de Convivencia nacen, así, como espacios concebidos para que los usuarios envejezcan en un entorno seguro y asistido, pero sin dejar de sentirse como en casa. Son espacios llenos de vida ideales para sentirse vivo.

Núria Roselló

Directora de la Zona Norte de L'Onada Serveis

Núria Roselló

Directora de la Zona Norte de L’Onada Serveis

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