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El anciano con cáncer. Una realidad cotidiana.

martes 25 de febrero de 2020, 07:00h

“Mantén un corazón tranquilo, siéntate como una tortuga, camina alegre como una paloma, y duerme como un perro”. Estas palabras corresponden a un artículo titulado “Tortoise-Pigeon-Dog”, publicado en 1933 en la revista estadounidense Time, en relación al secreto de la longevidad de Li Ching Yuen, individuo sobre el que se hipotetiza que llegó a vivir 256 años (en la actualidad, se considera un mito). De este personaje se decía que su perennidad se debía a la práctica habitual de artes marciales, al consumo frecuente de centella asiática, a una vida solitaria y a la práctica de la alquimia interna (ingerir los ingredientes, y luego mezclarlos bien mediante ejercicio).

Y es que, efectivamente, la esperanza de vida media en los países desarrollados ha aumentado de forma notable en las últimas décadas; cada vez vivimos más años, y existe un interés creciente por encontrar el secreto de “la vida eterna”.

Sin embargo, envejecimiento y longevidad se asocian a cáncer. Varias son las teorías que explican esta relación: una mayor exposición a carcinógenos en el individuo anciano, la mayor susceptibilidad de las células envejecidas a dichos carcinógenos, la disminución de la capacidad de reparación del ADN en células envejecidas, el acortamiento de los telómeros, o las alteraciones que ocurren en el microambiente celular en los individuos de edad avanzada. Por estos motivos, precisamente en el día Mundial contra el Cáncer, los ancianos con cáncer representan un grupo de la población que no debe pasar desapercibido. El porqué, lo entenderán ustedes a continuación.

Según el informe “Las cifras del cáncer en España”, editado anualmente por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), se espera que el número de nuevos casos de cáncer en todo el mundo sea de 29,5 millones en el año 2040 (18,1 millones en 2018). En España, la situación es similar; las previsiones en nuestro país indicaban que el número de nuevos casos de cáncer diagnosticados en el año 2019 representaría un 12% más que los casos diagnosticados en el año 2015. Según dicho informe, el envejecimiento, junto con otros factores, como el incremento de la población a nivel mundial y la exposición a determinados factores de riesgo, explicarían dicho incremento (1).

Esta influencia del envejecimiento en la aparición de cáncer justifica la tendencia al alza en el número de diagnósticos de cáncer en individuos de edad avanzada.

En España, según datos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), reflejados en el citado informe anual de la SEOM, se estimaba que, en el año 2019, el 61% de las neoplasias de ambos sexos se diagnosticarían en individuos ≥65 años de edad [1].

Los tumores más habituales en estos individuos, de igual forma que en la población general, son el cáncer de pulmón, de mama, próstata y colorrectal. En Estados Unidos (EE.UU.), recientemente, se ha publicado que el riesgo de determinadas neoplasias, como el cáncer de pulmón o el melanoma, está aumentando en individuos de edad muy avanzada (≥85 años) en comparación con individuos entre 65 y 84 años de edad [2].

Junto a la problemática de la alta incidencia de cáncer, los ancianos con diagnóstico de cáncer suelen presentar multitud de déficits en distintos dominios de la Valoración Geriátrica Integral (VGI). Según datos de ámbito nacional e internacional, el anciano oncológico presenta déficits funcionales, nutricionales, cognitivos, anímicos y de tipo social, síndromes geriátricos, comorbilidades severas y otras condiciones [3-5], sobre las que es preciso intervenir para mejorar la tolerancia al tratamiento antitumoral [6].

Se trata, además, de pacientes frágiles en un alto porcentaje de casos, siendo éstos más susceptibles a presentar eventos adversos en relación al tratamiento antitumoral [7]. La prevalencia de fragilidad en ancianos oncológicos oscila entre el 6 y el 86% según las distintas series (mediana 42%), y de acuerdo con la revisión sistemática de Handforth et al, la fragilidad se asocia a una mayor mortalidad por cualquier causa, a mayor mortalidad tras la cirugía y a una peor tolerancia del tratamiento antitumoral [8].

Es muy importante avanzar en la investigación en Oncogeriatría, estimular la creación de ensayos clínicos específicos para ancianos, y alentar al paciente a participar en los mismos; pero, junto a esto, es indispensable que se haga un manejo especializado de la comorbilidad y de la reserva fisiológica de cada individuo. Para ello, deben integrarse los conocimientos y los avances científicos de, al menos, dos especialidades, la Oncología y la Geriatría. Sólo de la conjunción de distintas disciplinas podrán conseguirse unos resultados óptimos en el tratamiento de los ancianos oncológicos y en el manejo de las complicaciones que presenten.

Otro aspecto que preocupa en la atención al anciano con cáncer es el riesgo, por un lado, de que sea infradiagnosticado o infratratado por el mero hecho de su edad o, por el contrario, de que reciba un tratamiento que le resulte demasiado tóxico, en especial, en ancianos frágiles. En un artículo reciente de DeSantis et al, los tumores en ancianos estadounidenses ≥85 años solían diagnosticarse en fases más avanzadas, y, por tanto, de forma más tardía, que en individuos de menor edad. Así, por ejemplo, según este autor, los tumores de mama y/o los tumores colorrectales de pacientes con 85 años o más se diagnostican en fases localizadas en un 10% menos de casos que los tumores en individuos de 65-84 años de edad, lo que se traduce en tasas de supervivencia más bajas. Incluso la probabilidad de que estos pacientes sean tratados quirúrgicamente es menor: sólo el 65% de los pacientes ≥85 años con cáncer de mama se tratan mediante cirugía en comparación con el 89% de los individuos con una edad comprendida entre los 65 y los 84 años [2]. En este punto, es necesario recordar un fragmento actualizado del juramento hipocrático: “NO PERMITIRÉ que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente”.

Se necesita una concienciación general de la importancia de tratar adecuadamente al anciano con cáncer, de evitar el ageísmo, el paternalismo, la falta de información al enfermo, o la ausencia de consideración de su capacidad de toma de decisiones. Esta concienciación debe sobrepasar las fronteras del profesional de la salud: las entidades encargadas de regular el bienestar social y los aspectos sanitarios son clave en la mejora de la atención a este grupo etario, y los familiares y la población en general no deben olvidar que sólo una buena valoración, realizada en tiempo y sin demoras, y hecha de forma especializada, podrá garantizar el mejor manejo de estos individuos, siendo el propio paciente, capaz, el que decida qué desea para sí mismo y cómo quiere afrontar la enfermedad. Por eso, el Día Mundial contra el Cáncer que se acaba de celebrar es el mejor momento para recordar que los ancianos con cáncer existen, y que cada vez es mayor el número de afectados; es el momento de concienciarnos y de concienciar a las autoridades pertinentes. Algunos puntos claros de mejora son, entre otros: la creación de campañas de información para la población con programas divulgativos que hagan entender al anciano y a sus familiares cuáles son los signos alerta y que les estimulen a contactar con los profesionales médicos ante tales signos; un análisis profundo para redefinir la edad límite de participación de individuos en las campañas de cribado de determinados tumores; o la creación de programas específicos de formación en Oncogeriatría para conseguir una mejor atención a estos pacientes. La formación de un grupo de trabajo específico para el anciano oncológico dentro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y dentro de la SEOM y la estrecha colaboración existente entre ambos es un ejemplo del interés creciente que existe en esta mejora.

“¿Cómo tratar a los ancianos? Lo que hoy das es lo que has de encontrar mañana cuando envejezcas” (Louise Hay).

Maria José Molina-Garrido

Médico responsable de la Consulta de Cáncer en el Anciano. Sección de Oncología Médica. Hospital General Virgen de la Luz de Cuenca, miembro del Equipo de Liderazgo de la SEGG.

Bibliografía y fuentes consultadas

  1. https://seom.org/prensa/el-cancer-en-cifras. Consultado el 21 de enero de 2020.
  2. DeSantis CE, Miller KD, Dale W, Mohile SG, Cohen HJ, Leach CR, et al. Cancer statistics for adults aged 85 years and older, 2019. CA Cancer J Clin. 2019;69(6):452-67.
  3. Molina-Garrido MJ, Soriano Rodríguez MC, Guillén-Ponce C. What is the role of the comprehensive geriatric assessment in Geriatric Oncology?. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2019;54(1):27-33.
  4. Molina-Garrido MJ, Guillén-Ponce C. Development of a cancer-specific Comprehensive Geriatric Assessment in a University Hospital in Spain. Crit Rev Oncol Hematol. 2011;77(2):148-61.
  5. Puts MT, Santos B, Hardt J, Monette J, Girre V, Atenafu EG, et al. An update on a systematic review of the use of geriatric assessment for older adults in oncology. Ann Oncol.2014;25:307-15.
  6. Kalsi T, Babic-Illman G, Ross PJ, Maisey NR, Hughes S, Fields P, et al. The impact of comprehensive geriatric assessment interventions on tolerance to chemotherapy in older people. Br J Cancer. 2015;112(9):1435-44.
  7. Mohile SG, Xian Y, Dale W, Fisher SG, Rodin M, Morrow GR, et al. Association of a cancer diagnosis with vulnerability and frailty in older Medicare beneficiaries. J Natl Cancer Inst. 2009;101(17):1206-15.
  8. Handforth C, Clegg A, Young C, Simpkins S, Seymour MT, Selby PJ, et al. The prevalence and outcomes of frailty in older cancer patients: a systematic review. Ann Oncol. 2015;26(6):1091-101.

María José Molina-Garrido

Médico oncóloga especialista en cáncer en ancianos. Miembro del equipo de Liderazgo de la SEGG.

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