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La soledad en la sociedad actual

martes 08 de octubre de 2019, 11:00h

Hay muchas personas solas, y no hablo de vivir solo porque te gusta, hablo de una soledad más profunda, de estar aislados y sin una mano amiga. Independientemente de las noticias sensacionalistas que nos hacen pensar en el horror de encontrar a alguien que lleva muerto una semana o un mes sin que se le eche de menos, hemos de reconocer que tenemos un problema.

El gran éxito de la sociedad europea es la longevidad, las condiciones actuales nos permiten vivir muchos años, eso es maravilloso. La otra cara de esa moneda es que no estamos preparados para las necesidades que eso suscita, una de ellas es evitar la soledad de personas con poca familia o sin ella, con amigos ausentes o que por barreras arquitectónicas o problemas físicos, no pueden salir de casa.

No conocemos a los vecinos y además no tenemos tiempo de preocuparnos por ellos, tenemos vidas rápidas, llenas de obligaciones y tareas, y la vecindad, la convivencia y otros valores que nos protegían de la soledad, se han perdido.

Mientras la persona está cognitiva y funcionalmente bien, el riesgo es menor, sale a comprar, va a actividades en el centro social cercano, pero cuando camina con dificultad o no existe ascensor o ya no es capaz de desplazarse al centro, comienza a aparecer el aislamiento y con él, la tristeza, la falta de estímulos, la pérdida de relaciones, que producen una cascada de acontecimientos fisiológicos y psicológicos que adelantan la dependencia y la muerte.

En una sociedad que se preocupa del envejecimiento activo, cuyo éxito se basa, entre otras cosas, en relacionarse y estar activo física e intelectualmente, podíamos como “tribu” o grupo, no abandonar al más débil a su suerte.

Estoy segura que todos estamos de acuerdo. La compasión es algo innato en el ser humano, hasta existe en los animales más evolucionados, pero compasión no es tener pena y ya está. Compasión es hacer algo, es conocer a las personas del edificio que no tienen a nadie y dedicar diez minutos un día de la semana a saber cómo están, si necesitan algo o si es necesario avisar a servicios sociales, porque la persona no tiene a nadie.

Pensemos despacio en esta frase “esa persona no tiene a nadie”, ¿cómo nos veríamos nosotros sin nadie, sin llamadas, sin familia, sin amigos…? NADIE.

Aunque en este momento nos parezca imposible o impensable y hagamos recuento de nuestra red social, la vida es cambiante y evoluciona, y dentro de unos años podemos estar en esa misma situación, la vida se va alargando, las parejas rompen o enviudan, los hijos a veces están lejos, los amigos pueden estar enfermos o en situación parecida a la nuestra… A veces creemos que están solos porque son huraños o “raros” y no reflexionamos sobre si la soledad es la que les da esa amargura. Lo cierto es que cómo y por qué llegaron hasta ahí es baladí.

Cada uno de nosotros puede decidir si tiene unos minutos a la semana para dedicarle a esa vecina, a esa amiga de su madre, a esa persona mayor sentada siempre sola en el parque que nos encontramos cuando paseamos al perro… Y algo fundamental, hacer ese pequeño gesto nos dará bienestar y nos hará más humanos.

“Cuando regalas una rosa, algo de perfume queda en tu mano”.

Salomé Martín

Directora de Desarrollo Técnico de EULEN Sociosanitarios

Salomé Martín

Directora de Desarrollo Técnico de Eulen Sociosanitarios

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