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Coronavirus y dependencia

martes 07 de abril de 2020, 12:47h

La actual pandemia que sufrimos está siendo más severa en ciertos sectores de la población, entre otros, las personas mayores y los dependientes en diferentes grados. Por ello, si al hecho de padecer la infección por coronavirus añadimos el que dicha infección afecta a una persona mayor y dependiente, el cuadro se agrava y complica de manera exponencial. Por centrarnos un poco más en este tema, nos referiremos a la dependencia debida a deterioro cognitivo en personas mayores que viven en su domicilio, algunas solas, y otras al cuidado de una persona próxima, generalmente, un familiar. Por lo general se trata de personas que tienen un deterioro cognitivo leve y que en la mayoría de los casos las permite, con ciertas limitaciones, realizar las actividades básicas de la vida diaria; vestirse, asearse, comer, etc.

En estos momentos de confinamiento es fundamental que dichas personas mantengan su rutina diaria aunque ajustada a las nuevas circunstancias que nos han tocado vivir. Lo primero es señalar que quedan prohibidos los paseos fuera de la vivienda, como las autoridades sanitarias nos han exigido, pero el caminar por el interior de la casa; pasillo, balcón, etc. debe realizarse de forma frecuente y mantenida en el tiempo. Esto permitirá mantener la musculatura de las extremidades inferiores y evitar el riesgo de que se produzcan trombos venosos. Para estos paseos domiciliarios se recomienda que no haya alfombras ni muebles que puedan ocasionar una caída con las consecuencias que esta pudiera tener.

El mantener la rutina diaria implica, levantarse a la misma hora que anteriormente, lavarse, vestirse y desayunar. Si se acudía a un centro de día, y dado que ahora no se puede asistir, en casa se tienen que procurar mantener, en lo posible, las actividades que allí se realizaban. Tanto para las personas que no asistían como para las que sí lo hacían, los ejercicios físicos como el ya comentado caminar, mover los brazos, etc. y ejercicios cognitivos entre los cuales se pueden incluir; ver un poco la televisión, escuchar la radio, leer, hacer solitarios, dibujar, etc. son actividades que se deben efectuar para la estimulación del cerebro. La conversación con las personas próximas, manteniendo las pautas higiénicas de distancia, etc. es una actividad muy recomendable.

En el caso de las personas que tienen un deterioro cognitivo muy leve y viven solas, la conversación telefónica es una actividad que las mantiene en relación con familiares y amigos. Aunque, fundamentalmente, deben ser éstos los que estén pendientes de sus mayores y les llamen con frecuencia para que no se sientan aislados y se les transmita cariño y afecto en la distancia, pues no se recomienda el contacto directo por los posibles contagios que esto pudiera representar. Para las personas con deterioro cognitivo que viven con familiares o cuidadores, recomendamos que se les muestre afecto por medio de sonrisas y palabras amables, pero que no se les haga caricias ni se les bese o toque, en este último caso se podrá hacer si se tienen las manos perfectamente limpias, para evitar posibles contagios.

Finalmente se debe mantener una correcta alimentación con la ingesta equilibrada de alimentos en todas las variedades posibles y siempre que alguna patología no lo impida como son la diabetes, hiperlipemia, hipertensión, etc. Además la correcta hidratación es un factor fundamental para el mantenimiento de nuestras funciones corporales. Las personas mayores, tanto tengan deterioro cognitivo como aquellas que no lo tienen, deben beber agua con una elevada frecuencia, pues la deshidratación, generalmente por la falta de sensación de sed, es una causa fundamental de alteraciones en nuestro organismo. Todos esperamos que pronto pase esta pandemia, pero mantengamos siempre los hábitos saludables que estamos aprendiendo.

Dámaso Crespo

Médico, antropólogo y catedrático de la Universidad de Cantabria. Vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Dámaso Crespo

Médico, antropólogo y catedrático de la Universidad de Cantabria. Vocal de la Junta Directiva de la SEGG.

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