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¿Son seguras las vacunas de la COVID19 para personas mayores?

Las vacunas contra el coronavirus son totalmente seguras en personas mayores y gente de cualquier edad, según los estudios divulgados.
Las vacunas contra el coronavirus son totalmente seguras en personas mayores y gente de cualquier edad, según los estudios divulgados.
domingo 03 de enero de 2021, 20:00h

Los estudios científicos sobre las vacunas de la COVID-19 demuestran su seguridad a nivel general, algo que incluye a personas mayores. La respuesta, por tanto, es que las vacunas son seguras para los mayores.

La aparente rapidez con que se han desarrollado, fabricado y comenzado a distribuir las vacunas contra la COVID-19 ha llevado a muchas personas a preguntarse sobre la seguridad de estos fármacos. Preguntas normales si se tiene en cuenta que en menos de un año ya tenemos entre tres y cinco vacunas en funcionamiento: Pfizer-BioNTech, Moderna, AstraZeneca-Universidad de Oxford, Sputnik V y Sinopharm.

Los desarrolladores de estas cinco vacunas ya han presentado resultados al menos parciales a las diferentes Autoridades de los países que las han aprobado. Y todas ellas muestran un perfil de seguridad en línea con cualquier otra vacuna de las habituales en los calendarios de vacunación. Además, presentan elevadas tasas de efectividad, que en algunos casos alcanza el 95 % (lo que implica que el 95 % de los vacunados durante los ensayos no desarrollaron la enfermedad que se trata de evitar respecto al grupo de control).

En España, la Unión Europea aprobó a finales de diciembre la vacuna de Pfizer y BioNTech, que ya está siendo distribuida e inoculada en residencias de mayores de todo el país. Se espera que en cuestión de días se apruebe la vacuna de Moderna. Ambas utilizan una tecnología novedosa basada en ARN mensajero, y no en virus desactivados. Y es esta nueva técnica la que ha llevado a muchas personas a desconfiar de estos fármacos, en parte por desconocimiento.

Las vacunas contra el coronavirus son totalmente seguras

Para empezar, la tecnología que utilizan estas vacunas lleva tres décadas siendo estudiada, aunque casi todos los científicos habían orientado sus esfuerzos a evitar o curar el cáncer. Cuando estalló la pandemia, simplemente aplicaron esta tecnología al virus. Y ha funcionado, según indican los estudios.

Además, estas vacunas basadas en ARN mensajero, al no contener virus, son más seguras que las tradicionales, si bien la pega está en que requieren ser conservadas en condiciones de frío extremo, lo que dificulta su almacenaje y distribución. También son sensiblemente más caras que las tradicionales, aunque los laboratorios las están distribuyendo a precio de coste.

Dicho esto, tanto estas nuevas vacunas como las tradicionales aprobadas hasta ahora han demostrado un perfil de seguridad más que adecuado. Apenas se han registrado efectos secundarios habituales en las vacunas contra otras enfermedades, como fiebre, cansancio o, el más frecuente, dolor en la zona del pinchazo.

También se han reportado reacciones alérgicas en personas con un historial de alergias previo. Y todo indica que no existirán efectos secundarios a largo plazo graves, dado que los primeros humanos inoculados durante la Fase III de ensayos recibieron las dosis hace más de medio año, sin que hasta el momento se hayan notificado efectos de ningún tipo.

La vacunación es necesaria para acabar con la pandemia

En línea con estos datos, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) ha querido lanzar “un mensaje de tranquilidad a la población de mayores” acerca de las vacunas. Aunque ha lamentado que en los ensayos no se hayan incluido muchos sujetos con patologías previas, lo que hubiera ayudado a comprender tanto su seguridad como efectividad en caso de comorbilidad. Algo que sucede en casi todos los estudios clínicos, no solo los de estas vacunas.

La comunidad científica concuerda en que solo las vacunas y su distribución masiva entre la población mundial permitirá poner fin a la pandemia, al cortar definitivamente las vías de transmisión o, al menos, impedir el desarrollo de la grave enfermedad que provoca la COVID-19, y que ya ha costado la vida a cerca de dos millones de personas en todo el mundo en apenas un año de pandemia.

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