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Entrevista con la profesora honoraria de la Escuela Nacional de Sanidad

María Victoria Zunzunegui: “Una vida sana ayuda a tener un envejecimiento activo y saludable”

María Victoria Zunzunegui es profesora e investigadora especializada en la prevención de la demencia y el mantenimiento de la salud física y cognitiva.
María Victoria Zunzunegui es profesora e investigadora especializada en la prevención de la demencia y el mantenimiento de la salud física y cognitiva.
martes 28 de mayo de 2019, 09:00h

Su carrera profesional se ha centrado en la búsqueda del mantenimiento de la salud en las personas mayores, pero también nos dice que “el envejecimiento no empieza a los 65 años”, por lo que su conocimiento es útil para cualquier persona que quiera envejecer con salud. Hablamos con María Victoria, quien está de vuelta en España tras años como docente universitaria e investigadora en Canadá.

¿Están bien conectadas las políticas de salud pública con la gerontología, el día a día?

Me temo que no, la salud pública genera conocimientos científicos mediante la investigación y se espera que se apliquen como políticas en la población general y en las conductas de los ciudadanos. La salud pública prevendría los trastornos crónicos, pero se lleva menos del 1 % del presupuesto de salud en España, que asciende al 9 % del PIB.

Con eso se entiende la poca importancia que tiene para todas las Autonomías. Hablamos de un sistema sanitario curativo, cuando en realidad la mayoría de las enfermedades que sufre la población son crónicas. Nuestro sistema sanitario está enfocado al diagnóstico y curación de enfermedades agudas y tiene que reorientarse al perfil típico de una población que envejece.

La gerontología, por su parte, sería la disciplina que se encarga del tratamiento de la vejez en la sociedad. España es el segundo país que más envejece, no es que vayamos a hacerlo más. Y a pesar de que somos una sociedad envejecida, no tenemos un desarrollo de la gerontología como disciplina que aborda estos retos.

Dentro entraría la Ley de Dependencia, que recibió un presupuesto muy inferior a lo necesario, y encima ha descendido con la crisis y todavía no se ha recuperado. De ahí que haya problemas en la calidad de la atención de la dependencia; todo esto tiene su raíz en que no hay un sistema que contemple la atención a la dependencia como un tema prioritario en uno de los países más viejos del mundo.

No están bien desarrollados los protocolos de atención ni las normas que establecerían qué calidad de atención tienen que tener estos cuidados, ni un sistema de control de calidad. Tenemos un sistema de servicios sanitarios muy desarrollados (muchos organismos dicen que tenemos el mejor del mundo), pero no tenemos en paralelo unos servicios de atención a la dependencia bien desarrollados y bien integrados con los servicios sanitarios.

¿Por qué no lo tenemos, por desconocimiento, dejadez, falta de presupuesto…?

En general, la atención a las personas con dependencia se desarrolló tarde respecto a otros países europeos. Se consiguió paliar con la Ley de Dependencia, que nos puso en primer lugar en cuanto a atención a personas dependientes, pero se aprobó justo antes de la crisis y se paralizó porque se descargó el peso en las Autonomías, que no tenían presupuesto para desarrollarla. Ahí afloró un millón de cuidadoras familiares que querían, con toda la razón, que les diera de alta en la Seguridad Social. Por cuidar a sus familiares, no trabajaban y no cotizaban, por lo que a la hora de jubilarse no iban a tener pensión.

La segunda parte de la historia es por qué no tenemos un desarrollo adecuado de la gerontología en España. Yo creo, sinceramente, que la gerontología es una disciplina muy interdisciplinar porque en ella podemos incluir desde los aspectos económicos, hasta los de derechos sociales, salud, equidad entre hombres y mujeres y entre los mayores y los muy mayores, etc. A veces metemos a todo el mundo en ‘mayores de 65’, pero no es lo mismo una persona de 65 años que una de 90, cada una tiene sus necesidades. Si a todo esto le añadimos que las disciplinas están dispersas en las universidades…

En el tema salud pasa algo parecido: tenemos médicos de atención primaria muy bien preparados. Son la primera fila de la medicina y los que mejor comprenden la situación vital de los mayores. Por eso hay muchos actuando como geriatras, pero no tienen esa formación. Por propia motivación, algunos han estudiado más y han comprendido que el funcionamiento físico y cognitivo son las metas a las que tenemos que llegar cuando tratamos la situación de salud de una persona mayor. La práctica totalidad de las personas mayores tiene algún trastorno crónico, sea artrosis, diabetes, hipertensión… La multimorbilidad es la situación más habitual de las personas mayores, y no se trata de curarlas porque eso no se cura, sino de mantener su funcionamiento físico y mental.

¿Cómo está la situación en Canadá?

Allí apenas ha existido la crisis entre 2008 y 2016 porque tienen un sistema financiero muy sólido. Pero Canadá no es el cielo, también tiene problemas en la atención a los mayores porque el presupuesto es insuficiente. Pero tienen mejor integración de los servicios sociales con los servicios de salud.

En Canadá hay un sistema público de salud, al igual que en España, pero allí, sus servicios sociales están más integrados con los de salud. Se ve a nivel de barrio o domicilio, ya que hay mejor comunicación entre profesionales. No es un sistema perfecto, pero es más racional. Y tienen más especialistas en geriatría. Pero les pasa a lo que a todos: el envejecimiento va más rápido que los cambios en el sistema sanitario, por lo que también es muy curativo.

¿Cómo se puede prevenir la discapacidad?

La prevención de la discapacidad consiste en retardar su aparición. Ya estamos consiguiendo retardarla a edades muy avanzadas, de después de los 90 años. Por eso, hoy no consideramos ‘vieja’, un término peyorativo que se utiliza con personas seniles que no pueden hacer actividades cotidianas, a una persona de 70 años, y antes sí.

Una de las cosas más importantes es que hemos aumentado el nivel de formación de la población, y eso lleva a conocer más sobre cómo tener conductas saludables. Y todo eso lleva a tener más salud y a retrasar los trastornos crónicos, lo que disminuye la mortalidad. Por eso, aumentar la escolaridad es muy importante, porque también permite retrasar el deterioro cognitivo.

La aparición de la demencia se ha retrasado en los últimos 30 años, y si se hace, es posible que la persona muera por otra causa y no por la demencia, que conlleva pérdida de identidad. Eso es una intervención muy importante a nivel social.

¿Y qué podemos hacer en nuestro día a día?

Hacer actividad física es muy importante. Ya sea caminar, ir al gimnasio… De todas las intervenciones, es la más importante. Aunque hayas otras conductas, como abstenerse de fumar, beber de forma moderada, llevar una alimentación equilibrada (se solucionaría con la dieta mediterránea), etc. Son intervenciones que se pueden hacer a nivel individual, pero también con apoyo público para fomentarlas.

Otra buena explicación de por qué en España hay buena salud es el tema de la vida social, incluyendo las redes de amigos y las familiares, así como las actividades que se hacen en grupo.

Todo esto previene enfermedades cardiovasculares, diabetes, deterioro físico y cognitivo, problemas respiratorios… porque comparten los mismos factores de riesgo. Por eso, cuando tenemos una vida sana, estamos ayudando a tener un envejecimiento activo y saludable. Eso sí, nos puede tocar tener un problema de salud, así que, llegado el caso, habrá que tomar los medicamentos adecuados. Hay mucha gente que no los toma: menos de un tercio de los hipertensos se controlan la tensión arterial, una enfermedad completamente prevenible y controlable.

Parece que la gente está cada vez más concienciada con la necesidad de cuidarse para vivir mejor.

Sí, eso seguro. Estamos completamente capacitados para llevar una vida sana y la gente está concienciada, pero también está relacionado con la clase social: los más educados y ricos se cuidan más, mientras que los más humildes están más preocupados por llegar a fin de mes y se cuidan menos. Ojalá no fuera así, pero es una realidad. Por eso son tan importantes las políticas públicas para redistribuir este bienestar.
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